Queremos un ámbito de expresión realmenta humano que permita recuperar identidad a las que históricamente han sido reducidas al silencio y al anonimato.
El lenguaje que se nos presenta como un patrimonio de la humanidad (entendiendo esta palabra como completa, engoblando al total de seres humanos) sería en realidad la creación de una parte de esa humanidad: los hombres. Que lo han utilizado y lo utilizan para hablar de ellos mismo y recrear una imagen de nosotras, las mujeres, que no refleja la realidad de nuestras experiencias. En el lenguaje, los hombres son protagonistas corpóreos y las mujeres fantasmas. Para nosotras, las mujeres, el lenguaje es aprender a nombrar y no ser nombradas. El lenguaje es por tanto uno de los ámbitos donde se refleja con mayor claridad la diferencia y jerarquización entre los sexos.
¡Qué sutil se nos revela la trampa del lenguaje para que ni siquiera nos demos cuenta! Sutil y doble entonces; por una parte nuestra relación con la palabra se ha ceñido al espacio de pseudo-poder donde hemos estado confinadas: el espacio privado, la casa, aquello que es interior, sin hacerlo llegar a lo más público. Además hemos aprendido a pensar como ausentes. Lo que es llamado tiene una categoría diferente, subordinada, dependiente de lo que llamemos. o peor todavía, no existiendo. Continuar leyendo ‘Lenguaje: aprender a nombrar y no ser nombradas’

