10
Jun
08

Lenguaje: aprender a nombrar y no ser nombradas

Queremos un ámbito de expresión realmenta humano que permita recuperar identidad a las que históricamente han sido reducidas al silencio y al anonimato.

El lenguaje que se nos presenta como un patrimonio de la humanidad (entendiendo esta palabra como completa, engoblando al total de seres humanos) sería en realidad la creación de una parte de esa humanidad: los hombres. Que lo han utilizado y lo utilizan para hablar de ellos mismo y recrear una imagen de nosotras, las mujeres, que no refleja la realidad de nuestras experiencias. En el lenguaje, los hombres son protagonistas corpóreos y las mujeres fantasmas. Para nosotras, las mujeres, el lenguaje es aprender a nombrar y no ser nombradas. El lenguaje es por tanto uno de los ámbitos donde se refleja con mayor claridad la diferencia y jerarquización entre los sexos.

¡Qué sutil se nos revela la trampa del lenguaje para que ni siquiera nos demos cuenta! Sutil y doble entonces; por una parte nuestra relación con la palabra se ha ceñido al espacio de pseudo-poder donde hemos estado confinadas: el espacio privado, la casa, aquello que es interior, sin hacerlo llegar a lo más público. Además hemos aprendido a pensar como ausentes. Lo que es llamado tiene una categoría diferente, subordinada, dependiente de lo que llamemos. o peor todavía, no existiendo.

Vamos a plantearnos qué características debería tener un lenguaje no sexista:

- El lenguaje ha de reflejar la realidad social sin distorsión. En realidad el 50% de la población somos mujeres, entonces debemos quedar reflejadas en el lenguaje.

- Debe ser claro y preciso. Iluminar, ilustrar, no discriminar.

- Reconoce la igualdad lingüística en la representación de los sexos, lo que influiría en el comportamiento más humano de las personas que lo utilizan.

- Es progresivo, innovador y no está aferrado a viejas normas y pretextos.

- Es sensible a la necesidad individual de las personas y por tanto no perpetua los estereotipos sobre hombres y mujeres.

- Es preciso en las ocasiones que requiere precisión.

- Es una posibilidad liberadora y un reto al que responder en común.

Es necesario decir que cuando las mijeres aprendemos a usar nuestro propio tiempo y a conquistar un espacio autónomo es difícil (imposible) convencernos para que volvamos al silencio. Aprender a llamar de nuevo y a ser llamadas. Y asumir la posición en que nos coloca el deseo de redefinir la palabra MUJER.

PD: En un ejercicio de escuela el alumnado busca en el diccionario las palabras HOMBRE/MUJER. Y se encuentra de pronto con la evidencia. Las alumnas leen con estupor, con vergüenza, después con mucha rabia que los sinónimos de mujer eran “costilla, ramera, cónyuge y puta”, mientras que los de los hombres eran “ser humano y persona”.

Timanfaya (radio Klara)

 


1 Respuesta a “Lenguaje: aprender a nombrar y no ser nombradas”


  1. Junio 11, 2008 a las 2:07 pm

    Aun nos queda mucho por andar y por seguir nombrándonos.
    Creo que a día de hoy, nos podemos permitir decir, que tenemos la suerte de que la parte de la población masculina, empieza a acompañarnos en esta lucha por la igualdad.
    Creo que podríamos crear entre todos/as de la clase una guía didáctica de como trabajar el tema de igualdad.

    Un beso bonica!!


Escribe un comentario